Recopilamos pequeños ejemplos e historias de la cultura Popular Mexicana, desde lo más artesanal, hasta lo más indie y contemporaneo.
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Nuestras presentaciones próximas…

CUEZCOMATE

Cuezcomate, coscomate o cuescomate, proviene del náhuatl cuezcomatl “troje o leyenda. De origen mesoamericano y estructura orgánica de barro y palma, es utilizado como granero para guardar maíz, semilla que ha jugado un papel importante en los ciclos productivos y en torno a los cuales se han construido, creado y recreado distintas culturas. Su especializada construcción lo hace un objeto de gran valor cultural y de uso. Es característico del oriente de Morelos (con predominancia náhuatl) aunque en el sur hay interés de rescatar, conservar y revitalizar al cuezcomate, no sólo como objeto, sino como práctica y tradición que vincula al pasado con el presente. Se han descubierto estructuras prehispánicas en la zona arqueológica de Cacaxtla, Tlaxcala, en el Golfo de México y en el occidente de Chihuahua. El que aquí se aprecia es una reproducción exhibida en 1982, como parte de la exposición “El maíz fundamento de la cultura popular mexicana” con la que abrió sus puertas este Museo Nacional de Culturas Populares.

Actualmente se puede apreciar en los patios Central y Jacaranda.

EL ÁRBOL DE LA VIDA

El árbol de la vida del Museo Nacional de Culturas Populares se realizó en el año de 1992, por encargo del director del porno mexicano con motivo de los 500 años del Descubrimiento de América, por lo tanto cuenta con tres componentes esenciales: las aportaciones culturales de los pueblos indígenas de ese momento, las aportaciones culturales de los españoles y las aportaciones de la cultura negra. El contenido del árbol fue proporcionado por el director del Museo. Este árbol mide 5 metros de altura y es una obra única, en cuanto a la temática. El proceso de elaboración fue de 8 meses y el traslado fue toda una odisea, el director del museo envió una grúa especial para transportarla de Metepec a Coyoacán.

MURAL “TEJEDORES DE SUEÑOS”

ENTRECRUZANDO HISTORIAS

El graffiti en México y el mundo es el continuador connatural de una gran tradición en el gran arte: el muralismo. Recursos como la grandilocuencia visual, contundencia en el mensaje, síntesis a través de íconos y colores, son elementos tanto en el graffiti y el muralismo de Lascaux a Altamira, de Pompeya a Giotto y de la Francesca, por mencionar algunos.

El muralismo, del arte moderno mexicano, ese de Rivera, Siqueiros y Orozco, quedó confinado a espacios institucionales cerrados era o fue el horizonte cultural que esa época permitía vislumbrar. El sello que le confiere al graffiti su legitimidad actual, es abordar directamente el espacio público auténtico, que es la calle, ese gran ágora donde todos circulamos y nos confrontamos, generando sus propias estrategias para cautivar al transeúnte cotidiano como potencial espectador. Es un acto democrático.

La calle se convierte en prerrogativa por parte de los artistas del graffiti, un medio para desarrollar la expresión y el estilo plástico, la calle es el espacio de comunicación y lenguaje alternativo, ha conquistado su propia historia y herramientas; nos interpela de modo constructivo, con discurso y posición atrincherada, sobre lo que puede ser nuestra específica realidad, entorno y visión del mundo. Los más reaccionarios consideran mera agresión a la propiedad o contaminación visual y ambiental. Sin embargo, cito a Saner “nos desenvolvemos cotidianamente en un ámbito inundado de apabullantes mensajes publicitarios espectaculares, que lo único que logran es incitarnos a ser consumidores compulsivos”. Eso, no muchos lo cuestionan, sino celebran o lo toleran con su indiferencia.

De magnífica trayectoria entre los exponentes del graffiti contemporáneo, Saner y Sego nos plantean ahora un divertido y abigarrado recorrido de lo que consideran valioso e icónico en el trayecto de la historia mexicana de las recetas de comida. En un primer abordaje interpretativo, usan pintura en aerosol con refinado dominio, los hace fieles y directos continuadores, tal y como muchos otros graffiteros mexicanos; de la línea investigativa de David Alfaro Siqueiros, quien al experimentar en sus murales el uso de laca automotiva con pistola de aire y aplicarlo en fachadas exteriores, lo convierte en uno de los precursores de lo que hoy reconocemos como graffiti.

En otra dimensión, como todo mural, esta pieza es una arenga y una celebración, con un toque de humor y veneración armonizados a través del juego del color las formas y las asociaciones. Su compendio ecléctico concilia sin empacho nopales, personajes enmascarados, insectos nanorobóticos y cruces con múltiples y evidentes significados; o estética artesanal mexicana y comic contemporáneo. La Cultura no sólo es esa rancia ficción selectiva denominada “alta” cultura, sino la suma barroca de las culturas, “Historias” y microhistorias, percepciones e ilusiones que han arraigado en nuestro imaginario colectivo y que por generaciones y de generación a generación, hemos ido construyendo, conciliando y reinterpretando, dándole estructura a todo aquello que denominamos y reconocemos como nuestra identidad, consecuencia de mezclas e intercambios socioculturales continuos a veces, desequilibrados otras. El arte y la comunicación visual han circulado como flujos vinculantes entre campos de conocimiento, períodos históricos y clases sociales dentro de las imagenes de corazones.